Más que mesas: El mapa sentimental de Platillos Voladores

Más que mesas: El mapa sentimental de Platillos Voladores

Cuando uno abre un restaurante, todo empieza a tomar vida propia: los fogones, las recetas, las historias… y también los espacios. En Platillos Voladores siempre nos ha gustado nombrar nuestros rincones con palabras y no con números, porque creemos que cada espacio guarda un alma distinta.

Algunos salones aparecen, otros desaparecen y otros se transforman; así es la naturaleza de este vuelo. Si nos visitas hoy, en este cierre de 2025, esto es lo que encontrarás en nuestro mapa: un recorrido enumerado desde la entrada hasta el corazón de la cocina.


1. LA TERRAZA: El jardín secreto

(Capacidad aprox: 20 personas)

La Terraza es nuestro antejardín, un espacio luminoso que los comensales adoran por su vida verde. Pero muy pocos conocen el secreto detrás de tanta frescura: estas plantas tienen madrina.

Doña Gloria Cruz, mi madre, es la guardiana oficial. Junto con Luis Alfonso Castañeda, vigilan, rescatan y nutren cada hoja. En su casa, ella mantiene una especie de "hospital botánico" con una sala de recuperación y otra de cuidados intensivos para nuestras plantas. Les da la bendición y nos las envía de nuevo, radiantes.

En medio de todo vive el verdadero dueño de la casa: el Limón Mandarina. Cuando llegamos, era un viejo cítrico moribundo, pero mi madre lo salvó con ají y secretos de su botiquín natural. Hoy se yergue orgulloso atravesando la pérgola, recordándonos que la vida siempre encuentra por dónde florecer.


2. EL GARAJE: Curiosidades y Vinilos

(Capacidad aprox: 24 personas)

Siempre quise que la música tuviera un papel protagónico aquí. No solo de fogones vive la casa, también de esos acordes que hacen vibrar la piel. En octubre de 2024, transformamos lo que era un viejo depósito en El Garaje.

La idea nació de mi pareja, Carlos Arroyave: "Imagínate recibir a la gente ahí, con buena música y buenos tragos para que nadie se devuelva por falta de reserva". Y así lo hicimos.

Hoy, El Garaje es un pequeño universo propio:

  • Una mini-tienda de curiosidades culinarias y artesanales colombianas.

  • Nuestra "Torre de Control" musical, equipada con tecnología de punta y dirigida por nuestro Mago de la Música.

  • El lugar perfecto para esperar mesa entre vinilos y el primer abrazo musical de la noche.


3. SALÓN ESPEJOS (Próximamente "Salón Andrade")

(Capacidad aprox: 16 personas)

Justo en la entrada, te recibe una imponente obra de espejos y bodegones que juegan con la luz y el movimiento. Durante años lo llamamos simplemente "Espejos", pero a partir de 2026 este salón pasará a llamarse Andrade.

Es un reconocimiento justo al artista plástico Carlos Andrade, quien concibió la estética de esta casa y cuya obra ha acompañado nuestra identidad desde el principio. Es nuestra manera de honrar la coherencia estética y la historia creativa que nos define.


4. SALÓN MOLINARI: Arte con historia

(Capacidad aprox: 12 personas)

Siendo amante del arte, siempre sufrí con la decoración "tipo miscelánea" de muchos lugares. Por eso, cuando nos mudamos a Centenario, le pedí a Carlos Andrade que tomara la casa como un lienzo en blanco.

Él creó un ambiente único utilizando las icónicas ilustraciones de Gráficas Molinari, fundadas en los años 50. Este salón rinde homenaje a esa familia —sí, los mismos del exquisito pan de El Molino— y a su ancestro Antonio Molinari, quien llenó a Cali de láminas mitológicas y costumbristas. Aquí comemos rodeados de esa historia gráfica popular.


5. SALÓN GÓMEZ: El juego de sombras

(Capacidad aprox: 8 personas)

Este espacio íntimo lleva el nombre de Carlos Gómez, discípulo de Andrade. Gómez tomó la tradición de Molinari y la reinterpretó con un lenguaje propio: el alambre.

La obra que preside este salón es fascinante por su truco visual. Es una escultura de alambre que, al ser iluminada, proyecta sobre el muro una sombra perfecta de una mesa servida. Es un recordatorio de que en Platillos Voladores la magia está en los detalles que se ven... y en los que se proyectan.


6. LA BARRA: Donde llovía chocolate

(Capacidad aprox: 25 personas)

Nuestra barra, ubicada frente a la exhibición de licores, tiene una historia que merece un brindis. Cuando recién llegamos, el presupuesto era corto y el techo era una lona improvisada por nuestro artista plástico.

Un día, tras un fuerte aguacero, la lona colapsó justo cuando entraba una señora divina, vestida de lino blanco impecable. ¡Zas! Un chorro de agua sucia le cayó encima. Yo quise desaparecer, encerrarme en el baño y no salir nunca más. Por suerte, tras muchas flores y disculpas, sobrevivimos a la vergüenza. Hoy, un techo de verdad nos protege de aguaceros y sustos, convirtiendo la barra en un lugar seguro y vibrante.


7. LA CAVA: Secretos de familia

(Capacidad: 8 a 10 personas)

La Cava era, nada más y nada menos, el antiguo comedor de la familia original de la casa. Allí se sentaba a comer la familia de la pianista Fernández.

Cuando remodelamos, nos pareció increíble que comieran en un cuarto tan cerrado, pero decidimos mantener esa energía de "reunión privada". Hoy es el espacio favorito para encuentros íntimos, rodeado por fuera de los verdes que mi madre cultiva, creando una atmósfera perfecta para conversaciones que se saborean despacio.


8. SALÓN STELLA ARTOIS: Por momentos que valen más

(Capacidad aprox: 32 personas)

Al fondo de la casa se encuentra nuestro salón más amplio, apadrinado por la elegancia de Stella Artois. Este año duplicamos su tamaño y añadimos una puerta corrediza mágica que nos permite integrar o separar espacios según la celebración.

Es un lugar que invita al ritual: el brindis en cáliz, la conversación sin prisa y la sensación de estar en un abrazo dorado. Prepárense, porque este será el escenario de grandes eventos el próximo año.


9. EL SOLAR: La mesa del chef

(Capacidad: Máximo 4 personas)

Nuestro tesoro más pequeño. Antes, aquí comía todo el equipo, un momento sagrado para nosotros. Pero el restaurante creció y el espacio se convirtió en zona de producción.

Hoy, El Solar se reduce a una sola mesa. Es un privilegio reservado para familia y amigos muy íntimos. ¿Por qué? Porque aquí se vive la sinfonía real de la cocina: el grito de las comandas, el choque de platos y el calor del fogón. No es para cualquiera, pero los que aman ver el "backstage" y sentir el corazón del restaurante latiendo a un metro de distancia... lo aman con locura.